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jueves, 3 de febrero de 2011

¿Cuánto se ha alterado la vocación del policía y el maestro?

Héctor Ramón González Cuéllar


Somos una democracia de papel, de teoría y dictadura en la práctica. La diferencia entre los esquemas legales escritos y la realidad cotidiana nos exhibe de cuerpo entero. Hemos alterado las definiciones, las vocaciones. Los objetivos que nos justifican en un escenario cada vez más hueco de contenidos y congruencia nos llevaron a la quiebra moral y económica. 
Voy a citar dos ejemplos que desgranan el resto de la mazorca, y sólo me asomo a la policía y la educación que son quizás de lo más sensible junto con la salud pública. 
La policía como complejo de cuerpos unidos por la acción coordinadora del Estado, tiene un origen netamente político, de clase social que protege y sirve para salvaguardar y cuidar los intereses del gran capital, de los empresarios del lucro y de la política más poderosos, líneas que muchas veces se confunden y funden por los negocios privados que rebotan en los intereses públicos y viceversa. Quienes logran saciar las ambiciones de los profesionales de la seguridad, la investigación de un sector que paga jugosamente la protección. Este debe de incluir lamentablemente a los muchos puestos administrativos de bajo y alto rango que se encargan de la impartición de justicia, por ello en un país con el 80 por ciento de pobreza, la crisis de la justicia no es sorpresa. Es resultado lógico de un sentido clasista, donde el gran poder económico nacional y extranjero siempre tiene un sólido marco de maniobrar cualquier acción depredadora de las comunidades, ahí estará seguridad e inteligencia privada y pública y que sirve para contaminar, agredir, corromper, reprimir o torturar y sostener la desigualdad y miseria. 
¿En qué posición queda el servicio de seguridad pública a la sociedad? La seguridad pública ya no existe. No existe desde hace décadas porque una investigación de hechos y del verdadero culpable cuesta un capital que pocos presumen. Isabel Miranda de Wallace es ejemplo de tenacidad y valentía pero también de inversión. En el contexto del mercado, la justicia se convirtió, creo que desde siempre, en una mercancía que se vende al mejor postor. ¿Quién paga más al policía: el delincuente o la víctima? ¿Quién tiene más familiaridad, acceso a la oficina, comunicación o cercanía al oído del poder? ¿Quién contrata al abogado más astuto y ligado al poder? ¿Quién tiene el mayor poder corruptor? 
Las cámaras de seguridad, los sabuesos entrenados, los guaruras fieles, las armas de alto poder, los autos blindados, los vidrios polarizados, las mallas de acero, las bardas con alambre de púas, navajas, las alarmas, las  pólizas de seguros de amplio espectro y los sistemas de acceso constituyen un sector importante de la economía que florece en esta guerra. Vivir  relativamente  “tranquilos” es cosa de ricos que están dispuestos a pagar el precio. El neoliberalismo adelgaza el Estado “obeso”, mas no elimina la ineptitud y corrupción. ¿A dónde vamos? 
La educación es semejante, la educación está al servicio de una mentalidad egoísta, individualista, de una ideología al servicio del interés personal que ignora el interés colectivo y nos lleva al caos y barbarie. La educación, hábitos y costumbres hoy están en manos y el poder de los medios. 
La educación en México en la era de los charros versión Gordillo no tiene como prioridad el formar las habilidades y conocimientos que construyan un ciudadano orgulloso de su trabajo, de la riqueza material, intelectual y moral. La educación y su presupuesto están al servicio de una oligarquía que ha empleado a muñecos en los tres partidos y en las instituciones de gobierno. 
La educación y el dinero que se dedica a ello sirven a un sistema que incrusta a sus alfiles en puestos oficiales claves, que le preocupan mucho más las fechas electorales, el manejo de cuotas multimillonarias, sin jamás rendir cuentas. Es más importante la represión de la libertad gremial y de disidentes críticos. El gremio se convirtió en un ejército de oportunismo, de promotores del voto, de tomar las casillas, de alterar las actas. 
Eso que hace la clase económica y política al envenenar y dividir a la sociedad y propagar el odio a la crítica, a la diversidad de pensamiento, ese silencio papel de un sistema de sindicatos en subasta, es una traición a la patria y a sus causas más nobles. El sindicato más independiente del poder se golpeó hasta darlo por muerto. 
El arma más poderosa de una nación no está en la marina, la aviación o la infantería. El poder real de un país sano, democrático, con futuro es invertir lo mejor en la infraestructura de su educación, la capacidad, genio y liderazgo, la visión de largo plazo y el esfuerzo de trabajo perseverante para organizar una sociedad justa de seres congruentes. Cuán largo camino debemos correr para llegar a ese nivel de orgullo.
M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es Académico del Instituto Tecnológico de Tijuana

Correo electrónico: hrgcuellar@yahoo.com
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